Escribir siempre ha sido tan fácil como vomitar sobre las teclas de todos mis dispositivos. Más sencillo que escribir un mensaje que reconocer mi ansiedad que reconocer mi hambre. Mi pequeñita carrera ha consistido en dejar los dedos y el corazón en automático para luego revisar corregir estudiar, para después preguntarme quién va a limpiar toda esta sangre quién a mis veinticinco años va a recoger este desastre darme la mano, entender que en cada poema se me desprende un trocito de alma al que tengo que guardarle luto y esperar otro año a que vuelva a crecer Cada vez que escribo me reinvento, me convierto en animal, en bosque, en niña, Y me asusto. [Según dije, prometí seguir haciéndolo] todo aquí ha sido un proceso tan sencillo, claro y corto que lo he ido abandonando tanto hasta no reconocer a mis hijos como propios
Eras tú esa melodía armonizante y el sonido del despertador un lunes. Eras mi religión ateísta, yo tu creyente sin dios mas allá que tus versos. Eras el sol acariciándome y la lluvia calándome los huesos. Eras brisa de invierno, brisa de verano y en cualquier estación que me invente si te cruzo. Eras noches limpias con días nublados. Una brújula marcando el sur. Un vals en zapatillas de correr. Eras arcoiris y escala de grises. Eras ojos verdes y mirada negra, labios rojos y sangre en la lengua. Eras tú. -Yo todavía lo soy.-
Intento no llevarme las manos a la boca Lavarme la cara con mucho jabón Alejarme los dedos de los ojos. "No pasa nada porque esto es cosa de otros" "No pasa nada porque yo desinfecto" "No pasa nada porque usamos mascarilla" No pasa nada hasta que llega No pasa nada hasta que mata No pasa nada hasta que arrasa muta cambia Todo lo malo me sigue oliendo a podrido Todo lo malo es persistente y asusta La familia cambia y se hace pequeñita el corazón crece Mi soledad no es mía La amistad es terrorífica Todo lo bueno me asusta Nunca una aguja me había tranquilizado tanto.
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